Mientras ella se iba hundiendo en el mar, dejando todo atrás, resignando cada intento por escapar, apareció el.
Apareció de la nada, de las entrañas de ese tormentoso mar, al cual ella tanto temia.
El no tenía miedo, ni miedo ni dudas, el caminaba seguro, no le importaba ahogarse, estaba acostumbrado, anestesiado, sus cicatrices no podían abrirse mas, ya habían suturado por propia voluntad, por el paso del tiempo (o eso creía).
La ayudó a salir, y una vez en la orilla le entregó una toalla para que se seque, como queriendo prevenir que se enferme, como si eso a alguno de los dos les importara realmente.
Ella agradecida le obsequió una sonrisa tímida, no sabía qué hacer ni que decir, ese joven le expresaba seguridad, y a la vez dudas, mil dudas.En su mirada no se podia descifrar nada, como si fuera una hoja en blanco, o una bajo llave.
Ella lo miró y sintió miedo por.un momento, nunca había visto a alguien con esos ojos tan neutrales, que la miraban intentando descifrarla a toda costa.
El, percatándose de esto, la abrazó, y ahí ella ya no entendió nada más.
Estaba tan cómoda en ese abrazo, como si ya conociera esos brazos, o como si hubiera esperado tanto ese momento, en el cual alguien la abrace desinteresadamente, sin juzgar su pasado o su presente.
Pasaron horas asi, unidos por un lazo tan puro y simple, el ruido del mar invitaba a no irse, apesar del frío y la poca luz del día.
En medio de ese acto, el prometió enseñarle a nadar, a nadar en ese mar que era su cabeza, y ella aceptó, esperando poder algún dia, hacerle ver que no por saber nadar, no se va a ahogar, que tenían ambos que salir de la zona de confort, que tenían que volver a la "civilización".
Y después de un tiempo, algo cambió, o más bien la verdad salió a la luz, el no podía ser esa "protección" que ella buscaba para sentirse cómoda en este sistema, el sistema que lastima sin piedad, que te obliga a ser fuerte y a seguir más allá de cualquier dolor, que no te deja hacer duelo y sólo avanzar, avanzar sin mirar atrás, como si recordar estuviera mal, como si llorar sólo fuera debilidad, y ser débil un mal.
El se marchó de a poco, como para que ella se acostumbre, para no hacerle tanto mal o quizás hacérselo de a poco, eso no se sabe y tal vez jamás lo sepamos.
Ella, después de negárselo terminó por aceptar, asumió que esos brazos no le pertenecían y que nunca lo hicieron, que sólo fue una realidad que ambas se crearon para ser felices por algún tiempo, para sanar algunas heridas y seguir, afrontar la verdad y tal vez luego, dentro de algún tiempo, el destino los una nuevamente y ahí sí podrán ver si hubo algo más que sólo "necesitar recibir amor".
Por ahora cada uno va por su parte, se piensan de vez en cuando, se extrañan, pero saben que lo.mejor es no volver a esa costumbre, al menos no por ahora.
Ella camina solitaria nuevamente, pero ya no busca nada en el camino.
El volvió a caminar con un recuerdo y una culpa, pero lo hace, por que a diferencia de ella, al vacio lo logra "llenar" de algún modo, aunque sea negándose cosas y aferrándose a otras.
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